Evolución engendra revolución

La naturaleza nos ha invitado a evolucionar, despacito. Nuestros antepasados aparecieron hace seis millones de años, pero la forma moderna de los humanos solo evolucionó hace unos 200,000. Hoy la naturaleza nos vuelve a forzar a progresar, pero no contamos ni de cerca con tanto tiempo.

Transformar nuestro planeta nos tomó muy poco tiempo, desde la revolución industrial, y para arreglar esa torta tenemos años, no décadas. No me voy muy lejos, las 740 páginas del informe que la ONU acaba de publicar, concluyen que “es necesario adoptar medidas urgentes a una escala sin precedentes para detener y revertir esta situación y proteger así la salud humana y ambiental”. Nos llegó la hora de evolucionar de nuevo, y de transformar la forma en la que nos relacionamos con la naturaleza y la forma en que construimos nuestras sociedades. Nunca mejor dicho, la evolución engendra revolución. Porque una revolución de modus operandi es lo que urge ahora.

Hacia adelante

Recientemente asistí a un conversatorio sobre una matriz fiscal verde en Costa Rica. Es decir, sobre cómo utilizar los impuestos y los incentivos fiscales como una herramienta para alcanzar objetivos ambientales. Fui invitada por alguien a quien hace un tiempo conocí como alumno de la Universidad de Costa Rica, cuando yo era profesora, y ahora él dirige su propia revista en el Semanario Universidad y organiza valiosísimos eventos como este. El tiempo no perdona, y el cambio climático tampoco lo hará.

Me encantó ver una abrumadora participación femenina en el evento, y conocer a estudiantes de Ingeniería Ambiental del Tecnológico de Costa Rica. El panel, además, estuvo compuesto por tres mujeres y tres hombres. ¡Fabuloso!

El conversatorio, organizado por Ojo al Clima y auspiciado por la Embajada de Canadá en Costa Rica.

Tocar la billetera

Johanna Arlinghaus, economista y exintegrante del equipo de OCDE que evaluó la matriz fiscal de Costa Rica, afirmó en el panel que los impuestos están entre los mejores instrumentos políticos para dar forma a nuestro comportamiento. Bien diseñados, los impuestos ambientales podrían hacer que quienes más contaminen, paguen más. Son eficientes, pues el gobierno puede crear cambio sostenido a un menor costo. A través de los impuestos, el Estado aumenta su recaudación y puede invertir en proyectos sociales, reducir otros impuestos, aumentar el gasto público o reducir su deuda.

Y una cosa que me encanta: los impuestos ambientales también pueden impulsar la innovación, ¡la evolución!. Si las empresas o los individuos quieren pagar menos impuestos, tendrán que buscar soluciones, como compartir carro, usar transporte público, mejorar las tecnologías, etc.

No nos gustan los impuestos ¿Pero entonces cómo hacemos? Nosotros, y todo lo que consumimos, se transporta, y la huella de carbono es altísima.

Costa Rica: ¿en qué quedamos?

La exposición de Johanna tuvo que ver con la evaluación que se hizo de los impuestos ambientales actuales de Costa Rica. Aquellos impuestos que tienen que ver con los combustibles fósiles y la energía, y el transporte es un factor fundamental.

Entre el 2003 y el 2014 Costa Rica aumentó su flota vehicular en casi un 70%, y alrededor del 20% de los impuestos que recauda este país vienen de gravámenes relacionados con el transporte: el impuesto a la propiedad de vehículos, el marchamo, traspasos de vehículos usados, etc.

Johanna tuvo algunas recomendaciones para crear una matriz fiscal verde, pero la cosa se puso aún más interesante cuando Fernando Rodríguez, ex viceministro de Hacienda, hizo una aclaración muy importante: ninguno de esos impuestos fueron creados con un carácter ambiental, si no con una finalidad meramente recaudatoria. El Ministerio de Ambiente y Energía ni siquiera fue parte de las comisiones que le dieron forma a esos gravámenes.

Así las cosas, tenemos mucha tarea por delante. Porque tenemos exenciones a diestra y siniestra, y algunas deberían preocuparnos. Como el hecho de que el diesel, que es mucho más contaminante que la gasolina, pague mucho menos impuestos que ésta. O que subvencionemos los combustibles para la pesca, a sabiendas de que muchas prácticas de extracción no son sostenibles y que en muchas ocasiones ese combustible es usado para actividades ilegales.

El diesel es mucho más contaminante y carbono intensivo que la gasolina, ¿entonces por qué paga menos?

Finanzas, te presento a ambiente

Las instituciones financieras y las ambientales se han dado cuenta de que tienen que hablarse y acordar un mismo idioma. Afortunadamente, parece que eso ya está pasando. Pamela Castillo, del MINAE, y Mónica Rodríguez, del Banco Central de Costa Rica, expusieron al respecto.

Me emocionó especialmente que desde el 2016 el BCCR creó un área de estadísticas ambientales, que produce modelos a futuro. Por ejemplo, podemos preguntar cosas como ¿si yo creo un impuesto para actividades que producen más CO2, cómo se afecta el resto del sistema? ¿O un impuesto a los productos más contaminantes? ¿Y qué pasa si sustituimos el combustible en el transporte, por energía? ¡Es fascinante! El BCCR ya cuenta con un marco estadístico para el agua, los bosques y la energía. A futuro contarán con marcos para los servicios ecosistémicos (¡por fin!), gasto en protección ambiental e impuestos relacionados al ambiente.

Estoy obsesionada con la valoración económica de los servicios ecosistémicos y AMO trabajar con Conservación Internacional en ese tipo de proyectos.

Yo sigo con mi mayor obsesión, los océanos. Espero que pronto Costa Rica tome consciencia de su inmensa área marina, y dejemos de pensar solo en términos terrestres. Espero que las proyecciones y modelos tomen en cuenta los extraordinarios servicios climáticos, alimenticios, territoriales, entre muchísimos otros, que nos brinda nuestra Zona Económica Exclusiva. Pero más que nada, espero que esta evolución pronto desencadene la revolución, y entremos a una nueva etapa de la experiencia humana, en la cual progreso y conservación siempre caminen de la mano.

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