Lilly en mi pensamiento

Me desperté hoy y recibí noticias inquietantes. Lilly Marie, una joven participante en la 4ta entrega de la aventura Homeward Bound, falleció. No sé qué edad tenía, ni cómo murió. Lo único que sé es que ella era Maorí, de Nueva Zelanda, que era muy bonita y que tenía una pasión feroz por la ciencia, la conservación y el arte. No he preguntado qué sucedió, porque no creo que realmente importe. Lo que me importa es que ella era más joven que yo, a punto de embarcarse en nuestro viaje a la Antártida, y que la pasión la conducía. El ver la facilidad con la que la vida puede terminar para todos nosotros, es increíblemente duro.

La misión de mi mamá fue que, aunque no viviéramos en México, estuviéramos muy cerca de nuestra ascendencia mexicana, algo de lo que todos estamos muy orgullosos. El Día de los Muertos fue ciertamente parte de nuestra experiencia; muchas personas consideraban morboso que una vez ella me diera un pequeño cráneo con mi nombre escrito en su frente. Este es un regalo muy tradicional, cuyo objetivo es recordarte que incluso si te olvidas de la muerte, ella nunca se olvida de ti. La cultura occidental trata de ignorar el hecho de que todos vamos a morir, pero yo lo abrazo. Alimenta mi vida y mis decisiones. Ahora, cuando pienso en estas cosas, siempre recordaré a Lilly también.

Tres generaciones de mexicanas: mi tía-abuela, mi mamá, y yo.

Esto es lo que hay

Al ser criada por una madre mexicana, era obvio que el catolicismo iba a ser una parte importante de mi educación. Dos de mis tíos ingresaron al seminario y mi maravillosa tía Coco se unió a un convento cuando tenía apenas 14 años. Para las familias mexicanas tradicionales de esa época, tener familiares que se unieran a la iglesia era un gran motivo de orgullo. Incluso hoy, las publicaciones constantes de mi familia en redes sociales contra el aborto son una clara evidencia de cómo la religión impregna absolutamente todo en sus vidas. Ciertamente estoy agradecida de haber sido educada fuera de esa cultura, solo experimentando las mejores partes de ella (la comida, el color, el trabajo duro y la importancia de la familia, por ejemplo). En resumen, no creo en Dios ni en el más allá. Si me equivoco, será un descubrimiento muy feliz, pero por ahora creo que una vez que nos vamos, nos vamos.

Tal vez haya escrito sobre mi próximo punto antes, así que lo voy a hacer corto. Pronto voy a cumplir 40 años, lo que en mi cabeza va a marcar el punto medio de mi vida. Estos primeros 40 años han sido duros y maravillosos, y se han ido volando. Lo que significa que mi último cumpleaños también va a venir rapidísimo. Recuerdo esto cada vez que me obsesiono con algo que no tendrá importancia en el panorama general, o cuando estoy demasiado asustada como para tomar una decisión. El reloj está corriendo. ¿Qué quiero hacer? ¿Dónde quiero estar? ¿En quién quiero convertirme?

Yo, luchando por mi vida hace 38 años. ¡Todo ha pasado tan rápido!

Saltar

Aunque me hayan ahorrado el adoctrinamiento católico mexicano, sigo siendo hija de una mexicana y soy una mujer latinoamericana. Hay ciertos rasgos culturales que no puedo negar que poseo, incluso si hubiera deseado que ese no fuera el caso. Muchos de ellos tienen que ver con el papel que las mujeres deben desempeñar. Nunca me criaron para ser ama de casa, eso es cierto, pero por otro lado se me enseñó tácitamente que se debe crecer para tener una pareja y una familia. Hace solo un par de días le dije a mi mamá lo claro que tengo que nunca voy a querer hijos, que la maternidad no es para mí. Su respuesta fue: «bueno, siempre has tenido ese egoísmo». Ella no quiso decir nada ofensivo, pero para ella, la realización definitiva de cualquier mujer (supongo que la crianza es cosa de mujeres), es ser madre.

Otro error latinoamericano en mí fue la idea de que lo peor que podía pasarle a una mujer es ser una solterona. Envejecer sola parece aterrador, como si hubiera algo tan mal en ti que ningún hombre te elegiría, una vergonzosa marca tatuada en la frente, que todos pueden ver. Me asombra que este miedo, que ni siquiera sabía que tenía, me llevó hasta el altar cuando me casé con un hombre maravilloso que debería haber sido mi amigo, nunca mi esposo. Esta sofocante programación fue el núcleo de mucho sufrimiento y del período más difícil de mi vida.

Mi enorme familia mexicana. My abuela tuvo 17 hijos, aquí estoy con los 12 sobrevivientes.

Sin embargo, me enorgullece haber tenido el coraje de irme, incluso si mi ex esposo sin duda es una de las mejores personas que voy a conocer. Después de eso, a tientas, seguí una serie de decisiones que parecerían destructivas para otros, pero nunca me sentí más viva. Me enamoré de un hombre 8 años más joven que yo, me deshice de la mitad de mis pertenencias, dejé la otra mitad en cajas y me mudé a su país con nada más que una maleta. Seguía mi corazón y no compartí esto con nadie, porque habrían tenido muy buenos argumentos contra mi imprudencia. Durante casi un año tuve pesadillas sobre las horribles consecuencias que traerían mis acciones; sobre aplastante soledad, sobre el ridículo público. Pero me quedé ahí, y él soportó la tormenta conmigo. En una semana, Paul y yo vamos a casarnos y nunca he sido más feliz.

Contigo, Lilly

Me desperté hoy y recibí noticias inquietantes. Una joven brillante, positiva y hermosa falleció y nunca tuve la oportunidad de conocerla. México me ha enseñado a no ver la muerte como un acontecimiento terrible, pero hay algo innegablemente triste en su partida temprana. Nunca conocí a Lilly, pero ella me ha dejado un regalo invaluable: una conciencia aún más profunda de lo preciosa y afortunada que es mi vida. La voy a vivir al máximo y voy a intentar dejar el mundo mejor de lo que lo encontré, tal como ella lo hizo.

Algunas cosas no me gustan, pero los colores mexicanos y la relación con la muerte, me encantan.

2 Replies to “Lilly en mi pensamiento”

  1. Me eeeencantó!!!! Sin duda alguna ya vas dejando cosas buenas por la vida y mucho por lo que sentirnos orgullosos de ti Moni. Eres un ejemplo para tus sobrinos que sin duda alguna te admiran y quieren muchísimo!

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